miércoles, 17 de marzo de 2010

PARA FRAN: CELIBIDACHE 15. EPÍLOGO DESDE EL CIELO.

(El 17 de abril aparece en el Spiegel un largo reportaje sobre Sergiu Celibidache, acompañado de un florilegio con sus mejores frases y opiniones sobre compositores y colegas.
La respuesta no se hizo esperar, y llegó desde arriba.
Remitente: Arturo Toscanini.
Dirección: "el cielo".
Este mensaje celestial llegó a través de un "medium", Carlos Kleiber, que la mandó al Spiegel, donde apareció en la sección "Cartas de los lectores" dos semanas después, en mayo de 1989.

La carta está llena de guiños a otros directores y compositores.
¡No dudo de que los pillarás todos, Fran!)


Querido Sergiu!

Hemos leído tu reportaje en el Spiegel.
Eres un tocacojones, pero te lo perdonamos.
La verdad es que no nos queda otro remedio: perdonar es lo que aquí se lleva.
Karli-saco-de-patatas protestó un poco, pero Kna y yo le convencimos de que él es musical, y entonces dejó de lloriquear.

Wilhelm asegura que él en la vida ha oído tu nombre.
Papa Joseph, Wolfi, Ludwig, Johannes y Anton dicen que ellos prefieren que los segundos violines estén a la derecha y que tus tempi son TODOS erróneos.
Pero en realidad les importa una mierda.
Aquí arriba está prohibido preocuparse por chorradas. El Jefe no lo quiere.

Un viejo maestro zen, que vive aquí al lado, cree que no te has enterado de nada en cuanto a budismo zen.
Bruno se ha partido el culo con tus observaciones.
Tengo la sospecha de que él comparte secretamente tus opiniones sobre mí y sobre Karli.
Tal vez deberías, para variar, decir alguna maldad también sobre él.
El pobre se siente tan marginado.

Me apena tener que decirte esto, pero aquí arriba andan todos como locos por Herbert.
Incluso están los directores un poco celosos de él.
No vemos el momento de darle la bienvenida dentro de 15 o 20 años.
Es una pena que tú no puedas estar aquí entonces.
Pero no te preocupes, se comenta que en el lugar a donde tú irás se cocina mucho mejor y que ahí abajo las orquestan ensayan eternamente.
Incluso cometen adrede pequeños deslices, para que tu puedas corregirlos hasta el fin de los tiempos.

Estoy seguro de que lo disfrutarás mucho, Sergiu.
Aquí arriba los ángeles leen todo directamente de los ojos del compositor, y nosotros los directores sólo tenemos que escuchar.
Sólo Dios sabe cómo yo he llegado aquí.

Un saludo cordial,

Arturo.

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