domingo, 27 de septiembre de 2009

El TRISTAN UND ISOLDE de CARLOS KLEIBER

COPIO Y PEGO UN TEXTO QUE ME HA GUSTADO SOBRE ESTA ÓPERA, LA PRIMERA QUE ME COMPRÉ SIENDO UN ADOLESCENTE (CON 14 AÑITOS) EN ESTA MISMA VERSIÓN.


La reedición por parte de Deutsche Grammophon de la grabación del Tristán e Isolda de Wagner que realizara el mítico director Carlos Kleiber puede ser una ocasión para recordar lo que significó aquel maestro, desaparecido el pasado año 2004, en la interpretación del único título wagneriano que tuvo en su exiguo repertorio. Y también, por desgracia, para recordar cómo muchas veces las posibilidades de realizar una grabación de elevado nivel artístico chocan contra consideraciones de mercadotecnia que imponen un resultado más mediocre con el pretexto de una mayor "comercialidad" del producto.


Se conocen hasta el momento seis grabaciones en vivo del Tristán por Carlos Kleiber, procedentes de todos los teatros donde lo dirigió, y a través de ellas podemos seguir la apasionante trayectoria del aún joven director que antes de cumplir los 40 años (finales de los 60) ya había deslumbrado al mundo. Todas ellas tienen en común que su Isolda es la (no excesivamente famosa) soprano alemana Catarina Ligendza.

En la primera grabación, de 1973 y con sonido que deja mucho que desear, procedente de la Ópera de Stuttgart, Tristán es Wolfgang Windgassen en su último año de vida. Luego encontramos su presentación de la Ópera de Viena, aquel mismo año, con un tosco Hans Hopf, también en declive, como Tristán; aunque el reparto está muy por debajo de la batuta, la parte orquestal es absolutamente inenarrable, y debió serlo mucho más para los que lo presenciaron en vivo. A continuación tuvo lugar su triunfo apoteósico en Bayreuth en tres ediciones consecutivas, de 1974 a 1976, las dos primeras con un Tristán insuficiente, como era el tenor sueco Helge Brilioth, pero la última con un intérprete a la altura de lo que demanda el personaje: Spas Wenkoff. Por último, con la misma pareja Ligendza-Wenkoff encontramos el Tristán de Kleiber "exportado" a la Scala de Milán en 1978.

De todas estas grabaciones, la cima indiscutible es la de Bayreuth de 1976, la única vez que Kleiber tuvo un reparto a su altura: no sólo por Wenkoff, sino porque el buen Marke de Moll fue sustituido por el excelso de Ridderbusch, se mantuvo la gran Brangäne de Ivonne Minton, y los únicos puntos relativamente débiles que quedaban de las ediciones anteriores (la Isolda de la Ligendza, algo apurada en el registro agudo, y el Kurwenal algo tosco de McIntyre) logran aquí, al menos, no desmerecer del resto. Editado solamente en LP por el sello "Legendary", su ausencia del formato CD es inexplicable y seguramente se trate de la carencia wagneriana más grave del disco compacto.

Fue con ocasión del éxito obtenido en Bayreuth cuando la Deutsche Grammophon pensó en hacer una grabación del Tristán por Carlos Kleiber. Pero aquí las cosas comenzaron a salir mal. Para empezar, la posibilidad de grabarlo en vivo en el propio Festival (como ya había hecho la DG en 1966 con el que dirigió Karl Böhm) y, ya puestos a soñar, de que Unitel también filmara la producción de August Everding (lo que hubiera sido el primer título wagneriano filmado en Bayreuth, un honor que finalmente le correspondió al Tannhäuser de 1978) se desvanecieron cuando Kleiber abandonó repentinamente el Festival en 1976, habiendo dirigido sólo tres de las seis funciones previstas. Oficialmente se dio como causa "motivos de salud", aunque la razón bien pudo ser el rechazo de Kleiber a convertirse en icono de las protestas en contra del nuevo Anillo estrenado aquel año, dirigido por Boulez y con escena de Patrice Chéreau, y que escandalizó a muchos wagnerianos conservadores, pasando estos a aclamar ruidosamente el Tristán de Kleiber como ejemplo de lo que sí debería ser Wagner.

Una vez descartado Bayreuth, se pensó en grabar Tristán en estudio con la Filarmónica de Viena, que en la toma en vivo de 1973 había demostrado ser la orquesta ideal para la concepción que Kleiber tenía de esta obra. Pero siguieron las desgracias, pues estalló un conflicto entre orquesta y director, cuando este último abandonó de repente dos conciertos y una grabación, y fue imposible llegar a un acuerdo. La grabación se realizaría finalmente en Dresde, con la orquesta que Kleiber había dirigido en su primer registro discográfico, un famosísimo Freischütz de Weber. Comenzó en agosto de 1980, ya con tecnología digital, y se prolongaría, tras dos largas interrupciones, hasta abril de 1982. Kleiber no dirigía la obra en vivo desde las sesiones de la Scala en 1978, y nunca más la volvería a dirigir.

La pregunta es inevitable: ¿no hubiera sido más sencillo para DG pedir la cinta de la grabación de Bayreuth-1976 a la Radio de Baviera? De hecho eso ha terminado haciendo en 2003 con su siguiente "Tristán" grabado en CD, el dirigido por Thielemann: editar la propia grabación de radio a fin de reducir costes de producción. En su lugar lo que encontramos es un producto de laboratorio, ciertamente con una espléndida toma sonora digital y sin ningún ruido escénico o del público (lo que parece que también ayuda a la "comercialidad" del producto), donde ciertamente reaparece el proverbial refinamiento de Kleiber, sus "experimentos" tímbricos, su dulzura... pero no encontraremos aquí esa pasión desbordada de sus grabaciones "en vivo", como esos finales del acto 1º donde parecía que el teatro se venía abajo.

Lo peor, por desgracia, aún estaba por llegar, y es un reparto totalmente cambiado respecto a quienes cantaron la obra en vivo con el director. Después de haber obtenido su mayor triunfo con la pareja Ligendza-Wenkoff, nos encontramos con que los elegidos para encarnar a los protagonistas son la soprano Margaret Price y el tenor René Kollo. Ella disfrutaba entonces de cierta fama como intérprete de Mozart y Strauss, aunque nunca había cantado a Isolda en un teatro (y nunca lo hizo después de la grabación). Él era y sigue siendo un cantante popular en Alemania, proveniente del mundo de la opereta, que durante un tiempo (primeros años 70) fue la esperanza de los wagnerianos como el posible sucesor del gran Windgassen pero que en seguida destrozó su voz por aceptar demasiadas ofertas de cantar demasiados papeles que no le convenían.

Los resultados están a la vista, o mejor dicho, al oído: una Isolda "mozartiana", muy elegante, de gran belleza vocal pero nulo contenido dramático wagneriano, con una interpretación que le vendría bien a la Condesa de las Bodas de Fígaro. Y un Tristán de voz pequeñita, demasiado lírica, cuyo concepto del personaje puede decirse que es delicado, sensible, sin sus aspectos heroicos, y que en lo vocal da grima oírlo cuando debe llegar a la zona aguda (como en tantas ocasiones del tercer acto, donde interpretativamente su visión del personaje herido aún tiene cierto interés).

En lugar de Donald McIntyre, quien lo había cantado en Bayreuth, el Kurwenal de la grabación en estudio fue Dietrich Fischer-Dieskau, y nuevamente es de lamentar el cambio, pues si McIntyre podía pecar de algo tosco, Fischer-Dieskau, retórico y sobreactuado, y ya en declive vocal, componía un Kurwenal más achacoso que el mismo Rey Marke. Eso sí, le daba a este registro un carácter de "producto de prestigio" que hizo que la crítica pudiera proclamar que la grabación de Kleiber "recogía el testigo de la de Furtwängler". Lo que no decían es que la de Furtwängler seguía a años-luz por encima de esta.

También se sustituyó a la Brangäne de la Minton (una de las grandes en el papel, a la altura de Christa Ludwig) por otra figura que nunca lo había cantado en escena, Birgitte Fassbaender, que pese a ser una gran profesional se encuentra un tanto extraña en el papel. Incluso hay motivos para añorar el Marinero de Heinz Zednik, oyendo el de Büchner.

No es casualidad que los dos mejores cantantes del reparto (en realidad los dos únicos que están en su sitio) sean precisamente los dos "supervivientes" de los repartos que cantaron la obra en vivo con el director: Kurt Moll, un gran Marke, muy humano, que cantó el papel con Kleiber en Bayreuth y Milán, y el legendario tenor mozartiano Anton Dermota, ya presente en la representación vienesa de 1973 y que da como el Pastor toda una lección de canto a los más jóvenes.


En resumen, si un sello como Orfeo o la misma DG editaran oficialmente el Tristán de 1976, ese sería "el" Tristán por excelencia de Carlos Kleiber, el único que podría conseguir un lugar en el Olimpo de los más grandes Tristanes de la historia (donde estarían, para este comentarista, los de Furtwängler, Böhm, Reiner, Karajan-52, Jochum-53 y Barenboim). Mientras no se disponga de él, la grabación de DG permite al menos conocer una versión de gran refinamiento orquestal (de las grabadas en digital ninguna la supera en cuanto a dirección) que en su día sirvió a muchos aficionados para acercarse por primera vez a la obra, y que en esta reedición en la serie "The Originals" ha bajado su precio a la mitad (de 4 CDs de serie cara pasa a 3 CDs de serie media). El nuevo reprocesado con el sistema "Original-Image Bit-Processing" le ha dejado un sonido más denso, de mayor "peso", lo que no significa necesariamente que lo haya mejorado.

EL AUTOR DE ESTE TEXTO ES ANGEL RIEGO CUE.

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